Historias para el Cine
LA HISTORIA EN LA PANTALLA
Aportaciones del cine a la formación de la comunidad imaginaria en Guatemala
Edgar Barillas
l. Un nitrato bajo la lupa.
Locación: Cinemateca Universitaria Enrique Torres, Nueva Guatemala de la Asunción. Luz: de día, interior. Sonido: ambiente. En un embobinador se coloca un carrete vacío. En otro embobinador, a la izquierda, se coloca un rollo con película de 35 mm. Se extiende el líder de la película hasta engancharlo en el carrete de la derecha.
El lugar está lleno de moviolas, proyectores, lámparas, bobinas viejas. Las paredes se ven llenas de carteles de filmes de distintas épocas. En una sala contigua, cientos de carretes con películas están ordenados verticalmente en anaqueles de metal. Un ventilador y un deshumedecedor trabajan en la semioscuridad.
Con la ayuda de una lupa identificamos la marca en la orilla, a un lado del perforado. Se trata de una película de soporte de nitrato. Dirigimos nuestra atención a los fotogramas. Los primeros corresponden al título: INAUGURACION DEL PUENTE ORELLANA.
2. Una mirada hada el pasado.
Locación: Aldea El Rancho, municipio de San Agustín Acasaguastlán, Departamento de El Progreso, 1995. Julio Barrientos Morales no aparenta su edad. Con su sombrero y su pipa eternos va dando grandes zancadas hasta alcanzar un banco que trae y coloca frente a la cámara. Hasta este momento había sido el de siempre: locuaz, activo, con unos ojos pícaros que no descansan buscándole el doble sentido a la vida. Nadie pensaría que tiene ochenta años. Pero ahora, sentado frente al objetivo, la cámara lo cohíbe. Cuando se le pide que recuerde su niñez se expresa con frases cortas, los recuerdos están presentes, pero las palabras se niegan a expresarlos.
Habla de Lázaro Chacón y la amistad que tenía con su padre, Moisés Barrientos. Recuerda que Don Lázaro tenia motivos para querer a El Rancho. Ahí, en la tienda de la familia Pazos, enamoró a una de las rubias muchachas y la sacó para el altar. Cuando se fue a la capital y llegó a ser el Primer Designado a la Presidencia, no olvidó a los amigos ni al terruño de su consorte. Tampoco lo hizo cuando a la muerte del presidente, el General José María Orellana, llegó a ocupar la primera magistratura de la nación, en 1926. Menos aún cuando ganó arrasadoramente las elecciones, imponiéndose sobre el otro candidato, el Coronel Jorge Ubico. Entonces Moisés Barrientos, agente del ferrocarril de El Rancho y telegrafista de profesión, pasó a la Dirección General de Telégrafos y se fue con la familia a la capital de la república.
El Rancho, con todo y su calidad de aldea, no era una población sin importancia. Hasta allí había llegado desde finales del siglo anterior el ferrocarril que venía de Puerto Barrios, en el Atlántico. Fue durante un tiempo punta de rieles. En ese lugar terminaban las planicies que se extienden a las orillas del do Motagua y que acompañan a la vía férreas por muchas millas y comenzaban las montañas sinuosas hasta llegar a la capital. Con el arribo del ferrocarril llegó también su algarabía de máquinas, la bomba de agua, carritos de línea, vagones de carga y de pasajeros y los infaltables cabuces en donde descansaban las tripulaciones: brequeros, conductores. Abanderados, maquinistas y chivoleros que vendían refrescos y sandwiches a los pasajeros. Al rancho que dio su nombre a la estación se le agregaron prontamente las viviendas de las familias de los peones, de las señoras que preparaban la comida para trabajadores y transeúntes, de los empleados de servicios y las de los funcionarios del gobierno. Una aldea había surgido para competir en importancia más no en prestigio con las antañonas San Agustín Y San Cristóbal ambas de apellido Acasaguastlán que lucían sus iglesias majestuosas como blasones de un pasado que luchaba por no irse. El Rancho llegó a ser un punto de encuentro para viajeros hacia Zacapa, Chiquimula, lzabal y los que tomaban el rumbo de las montañas que se extendían al norte, en el rumbo de Salamá y de la lejana Cobán. Era punto de reposo y de alimento para los peregrinos que visitaban al Cristo Negro de Esquipulas.
Julio Barrientos, se ha puesto más cómodo. Una gorra de gabardina sustituye al sombrero, la camisa está desabotonada a medias por el calor que hace al medio día. Mantiene la pipa en ristre. Se encuentra más relajado y sus ideas fluyen más rítmicamente. Prosigue el relato. José María Orellana, quien fuera presidente de la República, era originario del cercano poblado de El Jícaro. Siendo presidente encargó en Inglaterra un puente colgante que, atravesando el Motagua, uniera las poblaciones de ambas riberas. No llegó el mandatario a ver concluida la obra. Lázaro Chacón quiso ser justo con el hombre que impulsó su construcción y le dio el nombre del presidente extinto. El día de la inauguración -dice Julio Barrientos Morales, tratando de volver a la edad de once años- viajaron en el tren presidencial desde Guatemala, su padre, Don Moisés, la madrastra, sus hermanos Bertha y Alfonso, además de él mismo. Como acompañantes del presidente también venían ministros y militares. La comitiva llegó al medio día a El Rancho. Había ambiente de fiesta con marimbas y la Banda de San Agustín Acasaguastlán. Don Lázaro cortó la cinta a la orilla del puente y dio algún discurso señalando la unión que se alcanzaba entre Guatemala y las verapaces. La ceremonia se desarrolló luego en unas galeras de palma hechas junto al puente, en donde uno de los ministros, Daniel Hernández, pronunció otro discurso. Más tarde hubo un almuerzo con el brindis respectivo.
Con la comitiva -siguen los recuerdos- vino un señor de la Tipografía Nacional que se llamaba Nicolás Reyes Ovalle. Él y otros cuatro señores estuvieron filmando la ceremonia. Esa película la vieron Julio Barrientos y sus hermanos en la casa del General Reyes, alrededor de 1930, antes de que este personaje se convirtiera en el célebre Secretario de la Guerra de Jorge Ubico. La Tía Tula, hermana de Don Moisés, dijo a los sobrinos que vieran la película porque ahí salía su padre. A 65 años de distancia, Julio Barrientos recuerda la imagen de su padre saludando con el sombrero, impecablemente vestido de traje a pesar del calor.
3. Sinopsis de un nitrato.
Locación: Cinemateca Universitaria Enrique Torres. La manivela es accionada lentamente. Una pantalla con difusor permite examinar los fotogramas al través de la lupa: seguimos examinando el filme sobre la inauguración del Puente Orellana.
Banda de Músicos.
Intertítulo
La Banda de Música de San Agustín ameniza los actos.
(Abajo se identifica: Laboratorio Cinematográfico Matheu. También aparece el pie de imprenta de los intertítulos: Tipografía Nacional - Guatemala.)
Una persona firma el libro de actas, sobre una mesa rustica, rodeado de otras personas.
Intertítulo
Los principales concurrentes firman el Acta de Inauguración.
Autoridades civiles y militares rodeados de gente de la aldea, bajo una enramada.
Intertítulo
Delegados de diferentes poblaciones expresan la gratitud de la zona por los beneficios que obtendrá con aquella construcción.
Panorámica del puente colgante en toda su extensión. A lo lejos la comitiva hace el recorrido de la construcción. Al fondo, el paisaje característico de la región: aridez extrema, abundancia de suculentas, evaporación superior a la precipitación anual, o sea, las características de un bosque seco subtropical.
Intertítulo
La comitiva atraviesa el puente y se dirige al sitio en que se firmará el acta de inauguración.
Más de 300 personas se precipitan a la vez sobre el puente, poniendo a prueba la resistencia de la construcción.
Varios personajes saludan a la concurrencia.
Intertítulo
El Señor Ministro de Agricultura improvisa un elocuente discurso encomiando la trascendencia de la nueva obra.
Intertítulo
En nombre de los habitantes de San Agustín, ofrece el señor Palmieri Calderón, una artística medalla conmemorativa al Gobernante. Varios miembros de la comitiva.
Intertítulo
El Señor Presidente de la República lo declara oficialmente inaugurado. (Logo de Ediciones Cinematográficas Matheu).
Panorámica de la concurrencia en un campo. Atrás unas champas improvisadas, luego la vegetación.
Julio Barrientos Morales. Comunicación personal. El Rancho, San Agustín Acasaguastlán, El Progreso, marzo de 1995.
*Perito Agrónomo en Estado de Huevonería, o sea, jubilado.